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sábado, 22 de noviembre de 2008

DOSSIER. BIG STAR (2/2)

BIG STAR
El después y el antes para Alex Chilton



Para hablar de Big Star es inevitable hablar de Alex Chilton, del mismo modo que cuando queremos acercarnos al hombre, cuando hablamos de Alex Chilton, no podemos hacerlo sin pasar por Big Star. Así, la influencia de Big Star en la psique de su principal compositor tuvo repercusiones tan graves como reconocimientos varios en las décadas que siguieron a su breve periodo de existencia.

Durante las sesiones que dieron fragua al maldito y majestuoso Third/Sister Lovers el ambiente estaba gobernado por las drogas, el alcohol y la desesperación de Chilton. Vista la escasa atención que su música recibía y sabedor de su talento, la depresión se hizo dueña de su vida desembocando (demos gracias) en un disco desgarrador, maravilloso.

Pero poco después la cosa no fue a mejor. La supervivencia de Alex como escritor de canciones no parecía una buen negocio, ni para su estómago ni para su cabeza, y aún así las sesiones continuaron. Después de todo, qué mejor podía hacer él, si era lo único que había hecho en su vida, si era lo mejor que sabía hacer y valía para ello. La salida era seguir adelante y no pensar demasiado.


BACH´S BOTTOM (Razor & Tie, 1975)

Publicado previamente a Third, Bach´s Bottom (juego de palabras en alusión a la primera banda de Chilton) es una colección de canciones destartalada, sin orden ni concierto. No hay aparentemente ningún intento de unicidad en su conjunto, no hay ni siquiera una clara ambición por labrarse un nombre en solitario reseteando y empezando de cero.

Alex Chilton se hace acompañar de su antiguo compañero Richard Rosenrough, junto con el genial guitarrista y productor Jon Tiven y otros "amigos" (incluidos Andy Hummel o Chris Bell), para improvisar en los estudios Ardent, testigos de tantos buenos y malos momentos en el pasado, una serie de canciones sin nexo común que servirían para completar un debut en solitario que todavía suena igual de desastroso (pese a la remezcla de Tiven en 1993) que en el momento de su gestación. Indigno a priori para los fans de Big Star.

Sin embargo, el principal interés del elepé recae en la frescura y espontaneidad de los músicos interpretando sin presión, por igual, versiones varias del repertorio Chilton ("Jesus Christ", "Bangkok" o "Free Again") y homenajes a sus admirados Beatles ("I´m so tired"), Rollings ("Singer not the song") o Eddie Cochran ("Summertime Blues"). Pese a no ser suficiente para lo que se le supone al autor, justifican la existencia del disco, después de todo. Otros habrían matado por canciones así.
Interpretaciones todas ellas que permiten sacar segundas lecturas indicativas del precario estado de Chilton, y aún así dignas si tenemos en cuenta que les salen sin demasiado esfuerzo.

Todavía quedan vestigios de las gloriosas armonías vocales de otra época, y Chilton sigue tocando la guitarra como siempre. Un par de bottoms como prueba: "(Every time I) close my eyes" y "All of the time".
Sólo en la inicial "Take me home and make me like it" el ambiente festivo y rocks de la época Box Tops se hace evidente.

Pese a no ser precisamente lo que uno esperaba del debut oficial de Chilton, debemos reconocer el contexto en el que se grabó y sacar lo bueno de un disco que no es tal, sino que más bien parece un ensayo privado al que hemos sido invitados sin tener porqué. De este modo, el valor del album es exclusivamente coyuntural, ya que, aunque en sus surcos todavía asoman el talento y las buenas formas que hicieron de Alex un artista único, la inspiracion compositiva está claramente mermada y el instinto melódico del músico se sabe en cuesta abajo tiempo después de su cénit a bordo de la Gran Estrella.


1970 (Ardent, 1996)

Registrado en las sesiones posteriores a su separación de los Box Tops, en 1970, esta otra colección fue concebida en su momento como el debut en solitario de Alex Chilton. Sin embargo, el peso de su encuentro con Chris Bell y la lluvia de ideas que dieron lugar al #1st de Big Star, acabaron por enterrar bajo una losa esta grabación durante años.
Chilton escribe 9 de estas 13 canciones y coescribe con Manning y Rosebrough otro par de ellas.

El regusto soul de Chilton cede espacio a unas partituras que beben del rock 70´s, sólo presente a veces en sus aportaciones en Big Star y posteriormente explotado con peor suerte en su carrera en solitario.
La triada inicial como prueba de un inédito e inspiradísimo Alex resolviendo rockandrolles es disfrutable a más no poder ("Come on Honey", "I can dig it", "Just to see you"), pero la cosa no acaba ahí.

La prueba irrefutable del daño que hizo la poca suerte de Big Star en su ánimo queda patente en la siguiente canción: comparen este "Free Again" con las diferentes tomas que de la canción hace en el citado Bach´s Bottom.

Comparado con los tres pilares que dejaron para la posteridad como Big Star, este 1970 puede parecer un disco menor. Sin embargo, es necesario abstraerse y olvidar (si es que esto es posible) la quintaesencial banda del powerpop (allmusic dixit) para valorar en su justa medida la música aquí contenida.

¡Dios!, ¡Si es que no hay por dónde encontrarle un fleco suelto!, "Something deep inside", "I wish I could meet Elvis", la negroide "All I really want is money", la balada con deje roots "The happy song" ...todas y cada una de estas canciones merecen de un reconocimento extra. Si alguien osa dudar de Alex Chilton al mando de Big Star, que se ponga este disco. Pletórico es el primer adjetivo que se me viene a la cabeza.

Y aún hay más, mucho más. Una de las joyas de la corona sería "Every day as we grow closer", donde la fibra sensible de Chilton alcanza cotas que solo están al alcance de los grandes, ¡el vello de punta oiga! Y, ¿qué me dicen de "The EMI song (smile for me)"? Si como bien apuntaba Sithbass en la primera parte de este dossier el #1st record de Big Star les garantizaba un lugar en la historia del rock, con 1970 Alex pagó la primera entrada para su parcela de cielo.

Y si creen que aquí acaba todo, esperen a escuchar el "Jumpin´Jack flash" made in Chilton, sin amedrentarse, poniéndose a la altura de Sus Majestades con un descaro impropio del imberbe que era por entonces. Y para el cierre un Medley de "Sugar sugar/I got the feeling".



Comparando los dos debuts del músico de Memphis podemos sacar varias conclusiones. Sin embargo se lo dejo a ustedes.

Yo voy a ponerme el Jumpin´otra vez que me esperan para dar una vuelta.


Por Zeta

miércoles, 12 de noviembre de 2008

DOSSIER. IGGY POP. Like a dog

IGGY POP
Like a dog


Nadie es capaz de negar la evidencia. El legado de una banda tan mítica como los Stooges tiene demasiado peso a la hora de acercarse a James Osterberg, alias Iggy Pop, pero no olvidemos que sólo se les comenzó a hacer justicia años después de su disolución. Por entonces, Iggy deambulaba de jeringuilla en jeringuilla, dando tumbos, incapaz de ver otra salida.

Hoy en día, sólo él es responsable de sus actos, y de la imagen caricaturesca que tenemos de su personaje. Pero hubo una época en que su nombre aparecía impreso en discos imprescindibles, sólo fue necesaria la mano de un buen amigo.



The Idiot (RCA/ 1977)

Tuvo que ser David Bowie quien apareciera por segunda vez (ya les produjo Raw Power en el 73) para rescatar a Iggy y acogerlo en su casa de Berlín durante más de medio año. Este último venía de publicar el experimental Low (77) producido por Brian Eno, y estaba deseando bañar en sintetizadores y funky marciano la voz de su barítono amigo.

Dejando de lado lo que sucediera entre ellos fuera del estudio, parieron un disco único.

The Idiot es oscuro, sintético, decadente, casi obsesivo. En el momento que empieza a sonar “Sister midnight” se iluminan los neones (cortesía de Bowie) que alumbran la caída de Iggy a los infiernos. El futurista piano-bar de “Nightclubbing” es otro paseo por los callejones sin salida, excelentemente interpretado por la version crooner de Iggy.

En su día, The Idiot dejaría frío a más de un fan Stooge: no hay ni rastro de la urgencia guitarrera de Fun House o Raw Power, ni siquiera en la maquinal y repetitiva "Fun time". Parece que a Iggy Pop le acompañe una banda de blues formada por zombies.

La capacidad evocadora de la clásica “China Girls” sitúa la acción en antros de dudoso gusto. Como un Tom Waits drogota pasando el mono en busca de perversos estímulos en una ciudad tan deprimente como cautivadora. Como el disco mismo.

Con el bajón de “Dum dum boys” la cosa no mejora. Y las baladas “Tiny Girls” y “Mass production” despiden el disco de la manera más chunga posible.

Aunque pueda parecer contradictorio, la devastación musical que pobla el disco es la que hace de The Idiot una experiencia fascinante. Irrepetible.



Lust for Life (RCA/ 1977)

No conformes con la joya anterior, la pareja de moda saca un segundo disco pocos meses después. Con el punk hasta en la sopa, ellos prefieren desmarcarse y mirar adelante con el luminoso y nuevaolero Lust for life.

Poco se puede decir acerca del tema inicial. Junto con “Nightclubbing”, “Lust for life” (canción) devolvió la popularidad en los noventa a la perra de Detroit musicando las dos caras del yonki en la divertidísima Trainspotting (D. Boyle, 1996). Además, el disco contiene su otra canción más conocida, la fabulosa “The Passenger”. Geniales composiciones del Duque y Ricky Gardiner, respectivamente, al servicio de un Iggy en plena forma.

Sin embargo, Lust for life también es el disco de “Sixteen”, única escrita por Iggy. Hambriento de carnaza, rezuma chulería con una cadencia sexualmente adictiva. Le siguen la bailonga “Someweird sin” y “Tonight”, probablemente la canción más deudora del sonido Bowie de Low.

La segunda cara baja un poco el listón con las menores “Turn Blue”, “Neighborhood” (pese al estupendo riff inicial de Ricky Gardiner) y la demasiado discreta “Fall in love with me”. Otra obra (casi) redonda.



New Values (ARISTA/ 1979)

Finalizada su etapa Bowie y poco antes de entregar “Soldier” (su última obra arriesgada) y perder así para siempre su instinto de depredador indomable, aparece New Values. Su mérito se reduce a conterner la mejor tirada de composiciones escritas por Iggy con la imprescindible ayuda de su amigo y antiguo Stooge James Williamson, que además produce el disco.

El inicio es sencillamente magnífico. Lo insinuado en “Tell me a story” se confirma con aroma Detroit en “Girls”, o “New Values”, un rock´n´roll futurista con guitarras repetitivas y teclados espaciales; pero sobretodo en la gloriosa “I´m Bored”, por la que hubiera matado Brian Ferry,
pero que sin duda, cantaría con muchos menos cojones. Toda una oda al aburrimiento, recomendable para combatir los efectos de lunes al sol, o idónea para ponerla mientras se acicala uno antes de salir de jaranilla.

Las fotos de la carpeta de Iggy con Williamson, Scott Thurston o Jackie Clark, evidencian el buen rollete que reinó la grabación, y a juzgar por el contenido, la banda suena como si llevaran juntos toda la vida.
El Iggy Pop más chulo, el que se pone en plan crooner interesante, borda “Don´t look Down”, con ayuda de la sensual negra voz femenina y el saxo. Irresistible.

A pesar de estar antecedido por dos discos capitales como son The Idiot y Lust for life, la colección de New Values es perfecta. “The Endless Sea” es otra moderna balada en clave dub, de tintes desoladores, pero que crece de la manera más bella posible. Además, Iggy canta como nunca.

La siguiente cara se abre con la movida “Five foot one”, guitarras afiladas y vientos certeros. El disco es entretenido de principio a fin, y a estas alturas todavía hay tiempo para sorprender con la juguetona “How do you fix a broken part”, con regusto a Bowie. Al igual que “Angel”, otra balada que podría pertenecer facilmente al Ziggy Stardust del camaleón y que confirma las buenas maneras del aprendiz. A estas alturas nadie debería poner su nombre en entredicho.

Aún hay tiempo para echar un baile con “Curiosity”, marca de la casa. Otra perla es “African Man”, donde Iggy da rienda suelta a sus instintos más primarios. No cuesta imaginarlo cantándola y dando saltitos alrededor del estudio, como un chimpancé: “I´m an African man, I´m an African man, I do what I can...”. Para el cierre queda la divertida “Billy is a Runaway”, con guiños al riff de la canción titular, para dar más unidad al disco. Cosa innecesaria por otra parte visto el desfile triunfal de la última gran banda de Iggy.

New Values
crece por ser casi el único disco que presenta a Iggy Pop como un fino compositor. Superada la alargada sombra de Bowie, firmó en buena compañía un disco atemporal, libre, visceral, arriesgado y accessible al mismo tiempo. En definitiva, la mejor grabación de la iguana al margen de los Stooges.




Por Zeta
Ilustraciones por Sithbass

sábado, 1 de noviembre de 2008

DOSSIER. BIG STAR. (I/2)

BIG STAR
deja que te acompañe a casa esta noche

Injustamente ignorados en su día para luego ser reivindicados por Michael Stipe, Teenage Fanclub y un sinfin de grupos más.

Decir Big Star es decir irremediablemente Alex Chilton. Y es que la figura de este joven autor estará ligada para los restos a un modo único de escribir canciones.
Ya había conocido lo efímero del éxito con el tema “The letter”, liderando a unos prematuros Box Tops con solo 16 años!!, entre 1967 y 1969.

Tras vagar por New York City durante un par de años, Chilton vuelve a Memphis con la intención de completar un álbum en solitario ayudado por su amigo Richard Rosebrough; pese a haber recibido la oferta de montar un dúo junto a un tal Chris Bell, músico de sesión de la escena local que no acaba de encontrar suerte con el trío Ice Water (completado por el bajista Andy Hummel y el batería Jody Stephens).
Finalmente Chilton decidirá unirse a Ice Water, rebautizados Big Star, al igual que una cadena de supermercados.


#1 RECORD (Ardent/Stax, 1972)

Pata Negra. Así los definió Mr. Groovie al presentármelos. La primera grabación de los de Tennessee supone una perfecta carta de presentación donde dos compositores se muestran en perfecta comunión.
Por un lado el Pop de Bell (verdadero arquitecto del sonido inicial de la banda), en una línea cercana a gente como Beatles, Byrds o Kinks, y por otro el reverso Soul de Chilton.
#1 Record es un excelente álbum de Rock and Roll. Las guitarritas que se marcan los amigos en ejemplos como “Feel”, “In the street” o “Don´t lie to me” son para, con perdón, mear y no echar gota. Como si de orfebres se tratase.
Claro está, por descontado, que lo que justifica parte del culto a Big Star sean las preciosas “The Ballad of El Goodo” (sin palabras) y sobre todo la archiconocida “Thirteen”, quizás la canción de amor inocente más bella jamás escrita y por la cual estos jovencitos podían irse a acostar tranquilamente, sabiéndose ya parte de la historia de este jodido rollo del rock.
Todos los temas están firmados por el binomio Bell-Chilton, a excepción de “My life is right” y la menor “The India song”.
La cara B se abre con más guitarras marca de la casa en “When my baby’s beside me”, para luego acabar con un cierre más íntimo. ¿Quién diablos puede negarles el perdón en “Give me another chance”? Yo no sería capaz, me tienen ganado desde el día en que me copié aquella cassette. En “Try Again” es Chris la voz del lamento, pero antes de irse nos dejan babeando con otra perla: “Watch the sunrise”. Qué voces!, madre mía! Y lo que quedaba por venir.

Tras la escasa promoción (problemas con las distribuidoras Stax y Columbia) y la consuecuente pobre repercusión del elepé, los ánimos decrecen considerablemente, sobre todo para un deprimido Bell. Pese a su imprescindible trabajo en 1st Record, la prensa focalizó la crítica en torno a la figura del ex-Box Tops como principal valedor de méritos. Evidentemente, Chris se negaba a ser eclipsado por Alex. Además, mientras Bell insiste en su intención de limitarse a ser una banda de estudio (su gusto por los arreglos es manifiesto), Chilton concibe Big Star como vehículo eminentemente hecho para el directo.
En Navidad Bell abandona el proyecto.

[Durante años, Chris Bell continuará depositando a solas su talento al servicio de temas como “I am the cosmos” o “You and your sister”. En 1978, un trágico accidente de tráfico acaba con su vida.]

RADIO CITY (Ardent/Stax, 1973)

Ya como trío, aunque ayudados por Rosebrough, y no sin dificultades (durante un tiempo la banda dejó de existir) construyen el material que da forma a su 2º álbum.
Radio City se abre de forma inmejorable con un nuevo arrebato de rock titulado “O my soul” que demuestra que el excelente estado de forma de Alex permanece intacto.
El sonido es más crudo, próximo a una grabación en directo. Básicamente guitarras, bajo y batería y, cuando es necesario piano y teclados. Sin los arreglos de su predecesor.
La sensibilidad melódica de “Life is white” o “What’s going ahn” acabarán por sentar las bases sobre las que se edificará, años despues, el fenómeno conocido como Power Pop, que no será sino una mera reinterpretación de las enseñanzas Chiltonianas.
La combinación de guitarras acústicas y eléctricas es sublime, y los estribillos pluscuamperfectos (“Back of a car”). Si tuviera que elegir mi favorita, esta sería “You get what you deserve”, aunque también es cierto que si me preguntas mañana quizá sea “September Gurls”, o tal vez “She’s a mover”, o…

Pop tocado por la gracia de Dios.

[Un consejo: adquiere los dos cd’s en cualquiera de las múltiples ediciones existentes en un solo cd (tirado de precio en FNAC) y te habrás hecho uno de los favores de tu vida. En mi caso probablemente sea el cd que más y mejor he amortizado.]

De nuevo una mínima distribución del elepé acabó por disipar cualquier esperanza de éxito. Andy Hummel deserta en pos de terminar sus estudios universitarios.

Alex y Jody se embarcan junto al bajista John Lightman en una gira por la costa este.

THIRD / SISTER LOVERS (Aura, 1978)

El grupo, por llamarlo así, se recluye en los Ardent Studios durante el otoño del 74 para preparar un tercer disco doble, no sin antes haber probado suerte en distintos empleos, digamos normales.

Poco despues se producirá la quiebra y posterior cierre de Ardent Records por lo que se quedan sin casa. La implicación de Stephens y Lightman se verá reducida a la mínima expresión; de hecho, la lista de músicos que intervienen es interminable.

Pero amigo, este disco nació para pasar a la historia. ¿Por su éxito comercial? No precisamente. Third o Sister Lovers (en honor a dos hermanas, novias de Stephens y Chilton) tendría que esperar a 1978 para ver la luz (y gracias) tras 4 años en el limbo y con el grupo más que deshecho.

Para ser justos, lo que en un principio empezó como el tercer álbum de Big Star, concluyó por ser el disco debut de Alex Chilton. Tras su grabación Jody deja a Alex, ya que su relación se había ido tensando excesivamente. Además, Jody ha manifestado en más de una ocasión que aquellas grabaciones fueron concebidas como demos, nunca pensadas para el formato disco.

Para muchos se trata de su mejor obra, para lo cual tiene papeletas de sobra: por su carácter de disco maldito, por el desconsuelo y desencanto manifiesto entre sus surcos, por la depresión que arrastraba su autor…

No se trata de un disco de tratamiento luminoso como los anteriores, de hecho la excelsa producción de Jim Dickinson no hace sino llenar el poco espacio libre dejado por los lamentos de Chilton, para rozar la angustia en las dolorosas “Holocaust”, “Kanga Roo” y “Big black car” donde repite aquello de: “...nothing can hurt me...”. Cualquiera lo diría.

De hecho títulos como “Thank you Friends” evidencian el cinismo parido desde los corazones rotos, preciosa como también lo son “O Dana” y “For You”.
Además, si se atreven a versionar “Femme fatale” y salen victoriosos de la tarea, el oyente solo podrá inclinarse y quitarse el sombrero. Chapeau!

Tenemos pues otra manifestación de las excelentes maneras de compositor de este genio (esta vez transformando una alcoholizada y frustrante existencia en canciones), otro regalo para nuestros oidos. El que firma solo puede verter palabras de admiración hacia un creador que merece el mismo status y Gloria de que gozan otros señores a los que se lleva de calle [¿Barret oigo por ahí?, ¿quién da más? Sí señor. Arthur Lee. ¿Bowie?¿Han dicho Bowie?]. Aunque cierto es, que para los que le profesamos devoción, no sería lo mismo de no ser por su condición de ilustre perdedor.

En algunas ediciones, a sus 14 temas, se le añaden los 5 que completan aquellas sesiones: “Nature Boy”, “Till the end of the day”, “Dream Lover”, “Downs” y “Whole lotta shakin’ goin’ on” con los que difícilmente el fan enfervorecido se verá saciado.


NOTA: No, no se me olvida el cuarto álbum, aquél In Space junto a Jody, además de Jon Auer y Ken Stringfellow (miembros de Posies). Es sólo que sería desacertado someterlo a análisis como continuación de una trilogía que se escribió en el primer lustro de los setenta. Entiéndanme, …con tanta lluvia de por medio…además, los 90, ya se sabe ¿no?, fueron otra cosa.




Por Sithbass
Ilustraciones: Sithbass

lunes, 3 de marzo de 2008

DOSSIER. LA ELECTRÓNICA IMPRESCINDIBLE DE LOS 90

Primero fue la electrónica europea, despues los ritmos jamaicanos y los sonidos disco de los 70. Hasta la siguiente década no se hablaria de música tecno y house, revoluciones acaecidas en Detroit y Chicago respectivamente. Y finalmente el hip-hop acabaría por popularizar los beats sintéticos con coartada social. Es preciso dar un salto a nuestra actualidad del siglo 21 y observar que en los últimos años las pequeñas revoluciones electrónicas han tenido más de estrategias fallidas (articuladas a medias por discográficas en numeros rojos y periodistas sin criterio) que de metamorfosis sónica.
Por tanto, Serie B se lanza a revisar la base de datos estadísticos de su fonoteca y sin titubeos establece su veredicto. Lo hace para dar cabida en sus páginas a una música que ha ido perdiendo protagonismo, por razones obvias, en sus últimos números.
Así pues, amigos breakbiteros, amantes del flow y químicos insulares, con todos vosotros...LOS DISCOS CAPITALES DE LA MÚSICA ELECTRÓNICA DE LOS 90 (O LOS QUE DEBERÍAS HABER BAILADO YA).


HAPPY MONDAYS
“Pills’n’Thrills and Bellyaches” (Factory/London, 90)

Mal que les pese a nuestros queridos New Order, el disco definitivo del sonido Madchester es el 3ª de los Happy Mondays. De hecho es el disco que les hizo pasar de “camellos” a “camellos con creatividad”.
Aunque bien es cierto que gran parte de mérito hay que atribuirselo a los capos del sonido balear Steve Osborne y Paul Oakenfold.
Canciones esencialmente rock pero con la vista puesta en música negroide y tamizadas por flautas, melódicas, teclados, programaciones y samples. Un discazo de Acid-House que serviría para bautizar el culto al Dj y ya que estamos en la iglesia, refrendar el vitalicio matrimonio entre éxtasis y música electrónica.
Melodías cálidas y lujuriosas al servicio de una juventud de clase media con ropa de abrigo.
“Loose Fit”, “Kinky Afro”, “Donovan”, “Bob´s Yer Uncle” o “Step On” (tan pegadizas, tan fáciles de cantar...)
convertirían para siempre al deslenguado de Shaun Ryder en reverendo de una generación, y a Bez en el
mayor Gogó blanco que ha dado la historia. Era genial cuando no estábamos sobrios.

MASSIVE ATTACK
“Blue Lines” (Circa/Virgin, 91)

Cuando Massive Attack debutaron con este largo se habló de inmediato del nuevo sonido Bristol, del Trip-hop.
Se les olvidó que el background del trío no hacía distinción entre Public Enemy o Augustus Pablo. El colectivo de DJs Wild Bunch se echó a la calle para pregonar la necesidad de un espacio propio. La música que este álbum recoge nos habla de una juventud suburbial agitada por ritmos de un nuevo hip hop. Un hip hop donde sobran la mitad de los
versos, cuando lo que quieres decir lo dices con un acorde maravilloso de piano. O con unos violines magistrales (Unfinished Sympathy). El raggamuffin y el dub hablan el mismo idioma de raíces (Five Man Army).
Acompáñese de grandes dosis de humo denso.

RINÔÇÉRÔSE
“Installation Sonore” (V2/Everlasting, 99)

Parece que fue ayer cuando Rinôçérôse se dieron a conocer en el mercado electrónico europeo, pero no hay más que escuchar el riff que abre el album para comprobar el tiempo que ha pasado, con tanto recuerdo atropellado, pese a que siga sonando tan fresco e incólume como siempre.
El pelotazo de Installation Sonore pilló a la mayoría por sorpresa, sólo algunos privilegiados como Elefant Records (que les editaran el fabuloso “retrospective”) ya sabían de lo que eran capaces Jean Philippe Freu y compañía. Sin embargo,
la onda expansiva llegó a cada rincón necesitado de un buen azote electrónico.
Nunca antes ( mucho menos después) las guitarras habían agitado tanto a las masas a golpe de House como en aquel Benicassim del 99.
Todos, sin excusa, caímos rendidos al encanto festivo de “Le guitaristic house organisation”, “Radiocapte”, “Sublimior” o “Le Mobilier”.

LEFTFIELD
“Leftism” (Hard hands/Columbia, 95)

Neil Barnes y Paul Daley entraron por la puerta grande en el libro gordo de la electrónica.
Este disco fue uno de los pocos ejemplos en que el tecno cobraba forma de álbum de canciones, no sólo pensadas para la pista de baile (desecharon sus primeros maxis en vinilo para este elepé).
Hay bombazos dub por los que no ha pasado el tiempo, o si no prueben a dejarse embargar por “Original”; primitivismo africano; aunque lo que verdaderamente hace especial a “Leftism” es una humanidad feroz, desbocada, una vez inmerso en sus selváticos sonidos uno no parece tener más opción que dejarse llevar a través de “Black Flute”, o permitir que la preciosa voz arábica de “Melt” te acompañe al desenfreno. Anecdótico resulta escuchar a un Mr. Lydon poniendo su voz desquiziada a “Open up” con la proclama “Burn Hollywood, Burn!”.
Como cierre una hipnótica “21st Century Poem” que devuelve oxígeno a la sala.

Intacto.
No apto para estáticos.

CHEMICAL BROTHERS
“Exit Planet Dust” (Freeestyle Dust, 95)

Posiblemente dentro de unas décadas nadie recuerde otra cosa de los Chemical Brothers que su “Hey Boy, Hey Girl”. Cosas del mercado, pero no estamos aquí para hablar de eso.
Anteriormente a “Surrender”, los hermanos habían sacado un par de albumes de tomo y lomo. Su debut, sin ir más lejos, es el mejor ejemplo de lo que tenían que ofrecer los británicos. El arranque del disco por sí mismo vale más que todos sus maxis posteriores, “Leave Home” e “In Dust We Trust”: dos pelotazosde Big Beat sin adulterar.
Pero eso no es todo, no basta sólo con una escucha para vislumbrar el abismo que encierra “Exit Planet Dust”.
Antes de que Prodigy ocupase nuestros estéreos, Rowlands y Simons ya habían recorrido todos los estados de ánimo que cabría imaginar de mano de la electrónica (pasando por el Techno o el Pop) con sólo un Lp!

Lo que vino a continuación es otra historia...


MOUSE ON MARS
“Autoditacker” (Too Pure, 97)

El dúo de Colonia formado por Andi Toma y Jan St. Werner entregó un tercer larga duración donde pronosticaban gran parte de la electrónica que vendría despues. Clicks & Cuts que son marca de la casa desde entonces.
Desde la inicial “Shui Shop” trazan un lenguaje único que haría que los solemnes Kraftwerk sufrieran un flechazo instantáneo.
Sonidos juguetones (“Juju”), malabarismos diminutos, alusiones al Kraut-Rock (“Twift Shoeblade”), psicodelia saltarina (“Scat”).
Resulta imposible enmarcar la trayectoria de estos inquietos ratones, ninguna de las etiquetas que han imaginado los críticos musicales ha servido para poner límites a su sonido.
Hay Jazz, experimentación a cascoporro, pseudohouse (excelente “Schnick schnack melimade”), y sentido del humor.
Seguro que ustedes han oído el exitoso tema “Idioteque” de Reidiohead no? Seguro que alguien por ahí escuchó antes este “Autditacker”.
Grandes y siempre a su aire.

ORBITAL
“In sides” (Internal, 96)

Vale que su segundo Lp sea considerado por todos como su obra cumbre. Es cierto que contiene los mejores pelotazos de los Hartnoll, pero no podemos quedarnos ahí, ya que Orbital aún no habían dado su última palabra hasta que editaron In Sides.
La profundidad de “The Girl with the sun in her head” nos advierte acerca de lo que está por venir. Todo un universo de psicodelia filtrada hacia su particular sonido.
Ya no hay techno ni pistas de baile. Con “In Sides”, Orbital conquistaron al oyente del sofá y los auriculares.
Con “P.E.T.R.O.L”, “The Box II” y las dos partes de “Out There Somewhere?” el sonido de los hermanos Phil y Paul traza melodías de distinta procedencia (no sabrás si suena oriental, urbano, o de otro planeta) y todo manteniendo su sello.
El conjunto de parajes transitados por Orbital en este album no tiene parangón en toda su discografía. Tampoco en la de ningún otro.
Intenten resistirse al encanto de “Dwr Budr”.
Imposible. Aún hoy día da igual en qué circunstancia se escuche, si uno cierra los ojos puede sentir cómo levitan los sentidos.

PRIMAL SCREAM
“Screamadelica” (Creation, 91)

¿Qué puedo decir yo de este pedazo de disco? qué puedo decir si quedé hipnotizado la primera vez que lo oí (en clase de física..., nda.).
¿Qué coño hacían estos rockeros sixties con tanto éxtasis en su poder?
¿Qué coño hacía Andy Weatherall perdiendo el tiempo con semejante troupe?
¿Qué coño hacían PS versionando entre loops el “Slip Inside This House” de los 13th Floor Elevators?
¿Qué coño se les pasó por la cabeza para pasar de los Rolling (entre comillas ya que cuentan con la presencia de Jimmy Miller) y escupir plegarias a George Clinton y Funkadelic/Parliament?
¿Qué clase de mantra eufórico se posó sobre las cabezas de Gillespie, Innes, Duffy y Young para acabar escribiendo esa suerte de gospel-house que es Come Together?
¿Qué coño...?
Da igual, estos punks de tomo y lomo tienen la solución, si años más tarde la clave la encuentran en la lucha (Xtrmntr), aquí proponen lo siguiente: Siéntelo!

DJ SHADOW
“Endtroducing....” (Mo Wax, 96)

Para muchos el mejor disco de música electrónica de todos los tiempos. ¿Por qué será? Tal vez sea porque un artefacto semejante no es un trabajo musical cualquiera. En primer lugar hablamos de un elepé de hip-hop instrumental o abstracto si se quiere. Josh Davis, el hombre en cuestión, llevaba años perfeccionando su técnica de scratching y apilando torres y torres de maxis en casa. La cosa cobra tintes mastodónticos cuando se decide a articular un puzzle lleno de vida. El álbum se compone básicamente de samples de otros temas. Es decir, de Groove, de Soul, de Música de camara, beats imposibles y un sonido nigger mágico que le acompañará en todos sus proyectos.
Díganme que temas como “Building Steam with a grain of salt” o “Stem/Long Stem” no les parecen sublimes.
Si él pide repeto por James Brown por haber inventado la música moderna, nosotros no podemos sino agradecerle que haya inventado la música negra post-moderna. Más allá del jungle y el drum’n’bass aquí hay una introudcción, nudo y desenlace, aquí hay olor a vinilo, a savoir faire, sí señor.

DAFT PUNK
“Homework” (Soma/Vigrin, 97)

El debut de estos dos novatos en Virgin tenía como piedra angular una canción que se convirtió en himno generacional, la inapelable “Da Funk”. Casi nada. Sólo por incluir esa canción merece aparecer en esta lista.
Sin embargo, Daft Punk (Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Cristo) demostraron con el paso de los años que su éxito no era cosa de un sólo single. Para corroborarlo está el posterior “Discovery”.
Basando su sonido en el house de Detroit tanto como en la electrónica europea, el primer disco de la pareja ofrecía una propuesta espontánea como no se recordaba por estos lares. Con el groove de los setenta rebosando cada surco, la suma de las partes de Homework es mayor que cada pieza del puzzle por separado.
Aún así, no podemos tampoco decir que escuchar “Revolution 909”, “Around the world”, “Treachers”, “Rock´n Roll”, “Phoenix” o “Alive” sea otra cosa que una delicia.
Fueron unos intrusos que refrescaron la escena y de paso, instigaron un sonido cargado de repetición y vocoders que ahora es dominio público de la humanidad.


Y por si a alguien le sabe a poco, otras recomendaciones serían:

GOLDIE “Timeless”
APHEX TWIN “Selected Ambient Works 85-92”
TRICKY “Maxinquaye”
ORBITAL “Brown Album”
DAVID HOLMES “Lets get killed”
KLF “Chill Out”
AUTECHRE "Incunabula"
PROPPELLERHEADS "Decksandrumsandrockandroll"
THE PRODIGY "Music for the Jilted Generation"
VARIOS “Ajo100” (Revista Ajoblanco)

lunes, 4 de febrero de 2008

DOSSIER. FLAMIN' GROOVIES

Los Groovies son la mejor banda
de rockandroll de todas las mejores
bandas de rockandroll
Jaime Gonzalo, director de Ruta 66


Si esto lo decía a propósito de “Way over my head”, pieza de pop incandescente pero menor y ya de su última y menos satisfactoria etapa, qué hubiera dicho de comentar alguno de sus temas mas logrados y flamígeros.
Es verdad que esto es una afirmación maximalista, realizada por un fan enfebrecido al toparse con un nuevo artefacto groovico, pero qué sería del rock sin alabanzas desmedidas como éstas, sin esos egos más consistentes que la ciudad de Petra, ¡¡si hasta Liam Gallager, el payaso de los Oasis se autoproclama a la altura de Lennon y Elvis!
Como siempre, como en todo estas manifestaciones epopéyicas alimentadas por la subjetividad más recalcitrante habrá que considerarlas a medias y acompañadas de una sonrisa de complicidad; ponderadas según el criterio y las sensaciones de cada cual, habremos de asentir el aserto que ya nos regalara nuestro antiguo profesor de Química de segundo de BUP, Don Manuel Serrano, de que “nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color del cristal con que se mira”.

Sí es cierto que los Groovies fueron (lo que queda ya sólo es un remedo insignificante de su grandeza pretérita) una banda ejemplar en las actitudes, talentosa y exquisita a la hora de la revisitación y memorable en la composición. Consiguieron como pocos conjugar la eterna y determinante dualidad Stones-Beatles con una clase inigualable, respetaron la tradición y fomentaron una devoción desmedida por el rockandroll clásico cuando todo empezaba a fenecer en pos de un sinfonismo inane, fueron vehementes en la interpretación en directo, donde alcanzaron su verdadero potencial y se atoexcluyeron de la dictadura de las modas de las cuales siempre renegaron . Ante todo fueron fans que hicieron de pasión virtud, que tocaban música para divertirse y poder escapar de la rutina que atenaza la vida de la mayor parte de los mortales; fueron festivos y hedonistas y buena parte de su mundo se reducía al aspecto lúdico de una existencia en la que no dudaban en perseguir cabezas adolescentes alocadas con canallas como Kim Fowley o proclamar en brillantes canciones que era frenética acción lo que necesitaban para estar eternamente felices y dichosos.


Los descubrí a propósito de “One night stand”, un refrito de antiguos éxitos, producido desde Australia por un fan, Meter Noble, que les dio la penúltima oportunidad donde resarcirse de un pasado reciente drogota y de expolio en los derechos de autor. En “One night stand” estaban confinadas perlas del calibre de “Shake some action”, “Slow Death” y algunas, magníficas, versiones de héroes como los Hoodo Gurus, The Who o Paul Revere and the Raiders. Informado de que en la banda sólo había dos componentes originales, Jordan y Alexander, y de que el guitarra y el batería eran dos mercenarios jóvenes a sueldo que estaban en las antípodas estilísticas de antiguos groovies, me dispuse a zambullirme en el universo de los de San Francisco sin dudarlo ni un instante. Si con esos mimbres “One nigt stand “ era un engendro altamente elocuente y disfrutable, me chupaba los dedos de sólo pensar lo que me podría encontrar accediendo a sus referencias míticas, aquellas acompañadas del semiactor Roy Loney o con el armonioso Wilson en su fecunda etapa británica al cobijo del gran Dave Edmund .


A partir de entonces me convertí en un fanático de los
Flamin’ Groovies, adoptando en su nombre mi pseudónimo de guerra en cuestiones rockandrolleras, persiguiendo cualquier disco, reseña literaria, noticia en la que se descifrara los porqués del mito que les acompaña como leyenda de culto. Incluso durante años lucí orgulloso camiseta serigrafiada, vía fotocopiadora chapucera, con el frontal de esa obra maestra 5 estrellas, ese alegato guitarrero con más cool que la discografía completa de Miles Davis, que atiende por Now.

Me hubiera gustado extenderme más, contar algunas anécdotas que me ocurrieron en su nombre, mis problemas con una casa de discos de Madrid donde me hice con el
Supersnazz o cómo gastarse los pocos dineros que se tienen de estudiante en importar discos desde Australia a más de 12 euros de los de 1988, pero el tiempo apremia y los chicos de Serie B intentan que todo esté a punto para la fiesta de presentación de la edición de este número 9.

Acompañaré no obstante toda la discografía oficial de los geniales...FLAMIN' GROOVIES!!!!

Sneakers.

Extended Play grabado en 1968, primera referencia groovie después de dejar atrás el nombre de Lost and found. La influencia del frontman Roy Loney, célula rockandrollera del grupo y artista diletante, se deja notar. Siete temas que divergen estilísticamente entre el country rock ("
Golden clouds") hasta el ragga ( "My yada") pasando por el r&b psychedélico west coast ("The slide") o el beat irresistible ( "I’ m drowning").Los Groovies todavía parecían más una orquesta de salón capaz de poder con cualquier cosa que una banda que decididamente ha encontrado su rumbo.

Aún así debe considerarse un frugal y sabroso entremés.

Supersnazz.

Si alguien ha comprado alguna vez en la tienda de Madrid Escridiscos le sonará la portada ya que es utilizada como bolsa de compra. Su mejor carátula y la más definitoria de la idiosincrasia groovie: 5 muñecos con sonrisas de oreja a oreja asiendo botellas de gas, cubos ardientes y cartuchos de dinamita a modo de baquetas. Ese espíritu festivo e incendiario que he comentado antes te lo encontrarás a espuertas en este magnífico decálogo de rockandroll mueve pistas ideal para poner patas a arriba cualquier fiesta mortecina y crepuscular. Sigue mandando Loney (no hay pega si firma temazos como "Love have mercy" o "The first one free") dejando a Jordan algunas cositas de menor relevancia ("A part from that","Brushfire"). Entre tanto, el sándwich se complementa con algunas correctas versiones de clásicos americanos y con una excelente muestra de su poderío en las baladas ("Laure did it").Los cimientos empiezan a ser firmes y el grupo se encuentra preparado y excelentemente engrasado para abordar empresas de mayor calado: los extraordinarios Flamingo y Teenage Head.


Flamingo.

Abandonada la estancia en Epic la banda es acogida por el label Kama Sutra, cuyo primer trabajo es este fantástico Flamingo. Uno de los pilares de la leyenda Groovie, rellenito de potentes rockandrolles al modo Loney ("Gonna rock tonite", "Second Cousin"), elocuentes y salvajes muestras de lo que una banda en plenitud de facultades puede llegar a conseguir con dos guitarras (vaya duelo entre Tim Lynch y Ciryl Jordan), bajo y batería y de cómo el punk comienza a tomar forma bastantes años antes de que Rotten y cía escupan por primera vez al público ("Headin for the Texas border", "Road house"). Estos tíos son unas monstruos y le pegan por igual a los estandars littlerichardianos ("Keep a knockin") que al rockandroll, que definiendo el protopunk, como de forma inopinada e insospechada se atreven y bordan una suite psychedélica a mayor gloria del sonido Canterbury.

Están en la cima de su poderío y todos nos hemos dado cuenta.

Teenage Head.

Considerada por muchos la obra capital de los Groovies etapa Loney (después de este trabajo se larga con los Phantom Movers para seguir pergeñando rockandrolles chisposos y rutilantes y renacer su etapa teatral con viejos conocidos como el actor de la película Cabaret). Sea así o no Teenage Head es tan obligatorio como Flamingo y Supersnazz y tan bueno como cualquier excelente disco que puedas llegar a recordar. Quizá sea su disco más homogéneo estilísticamente hablando, el mejor secuenciado y el más claramente stoniano, lo que pueda haberle convertido en el más apreciado y valorado. Razones, como siempre, no faltan. Desde la slides de "High Fying Baby" hasta la sentida y exilemainstreetiana "Whiskey woman" todo encaja con perfecta sincronización. Teenage es rock setentero americano , ése que macera con certera combinación country, blues y garage, ése que llega a las entrañas y te hace seguir estremeciendo y disparando las glándulas sudoríparas y adrenalínicas. Mi debilidad: "Have you seen my baby?" Irresistible y espídico cover del genio Randy Newman. Un 10. A archivar junto al Sticky Finger, el Sailing Shoes de Little Feat y el Second Helping de Lynryd Skynryd.

Shake some action.

Primera entrega de su etapa Beat británica producida por Dave Edmunds y su disco más conocido y valorado. Si hacemos caso a lo que se publica por ahí estamos ante el mejor disco concebido por la Invasión Británcia desde 1964, una leyenda del rockandroll desde le mismo momento de su publicación, 1976; una joya atemporal como pocas y el mejor tributo posible a los Fab4 de Liverpool.
Recapitulemos. La marcha de
Loney tras Teenage Head, la detención por tráfico de cocaína de Tim Lynch y el abandono del batería Danny Mihm coloca a los Groovies al borde de la desaparición. Pero Jordan es un tipo duro de pelar que no abandona así como así y recluta para sustituirles a Chris Wilson (luego en Fortunate Son y Barracudas), James Ferrell y David Wright. El resultado es más que sorprendente por satisfctorio. Sin la perspectiva impuesta por Loney haciéndole sombra, Jordan se dedica a lo suyo, a componer en compañía de Wilson preciosas canciones pop con magníficas voces en la mejor tradición Everly Brothers, Beach Boys y Beatles de menos de 3 minutos ("Sometimes", "You tore me down", "I can’t t hide") que atrapan toda la magia compositiva de Lennon/McCartney sin perder un ápice de personalidad groovica.

Slow Death


Como he mencionado antes las canciones sintonía beat se imponen, pero queda espacio para certeros disparos rockeros ( "
St .Louis Blues" y "Dont’t you lie to me"), recuerdos nada nostálgicos de un pasado feroz. Mención especial merece la canción que titula al disco, una de sus mejores canciones de siempre que es como decir una de las mejores de la historia, la perfecta canción pop, insuperable carta de presentación de un disco espléndido a pesar de excluir uno de sus temas más alabados en ese periodo, "Slow Death". Totem pop que sin embargo, a mi parecer, se verá superado con la publicación de su posterior trabajo.


Now.

Si Shake es su disco Beatles, este es su insuperada colección Byrds. No albergo dudas, este es el mejor disco de los Groovies junto con Teenage Head, superior a Shake some action y uno de los mejores discos de rockandroll de todos los tiempos. Así, con dos cojones y un palito. Reconforta comprobar como lo atestigua también la Guía esencial del Punk y la Nueva Ola publicada por Rock Indiana.. Si esplendorosa es la versión Byrd de “Feel a whole lot better” cojonuda es "Move it", si evocadora es "Take me back" impresionante es "Reminiscing", si impecable es la versión Stones ("Paint it black") mágica acontece "Dont’t put me on". Luego están la saltarina y roquera "House of the blue light" y, en fin, para qué seguir. Todo aquí es sublime, perfecto, impecable.¿Y las guitarras?,¡Dios, qué guitarras!, ¡cómo suenan las de "Don’t put me on" y las de "Feel a whole"!. Y es que ésto no es un disco, es un homenaje a mayor gloria de la guitarra en todas sus modalidades.
Si no me crees, si piensa que exagero, deleítate con la foto de contraportada y hazte con este disco cuando vayas a comprarte el próximo. Lo dicho, un 11.

Jumpin’ in the nignt.

Estoy escuchando este álbum después de 20 años, pero cada nota, harmonía, guitarra de 12 cuerdas está prendida en mi memoria. Vi a los Groovies una docena de veces en 1980 y en cada show me golpeaba contra las vallas. Recuerdo a los músicos tocar guitarras de 12 cuerdas y bajos de 8. Eso era poder. Eso era pop, pero no power pop, era el Apocalipsis a base de jangle, garage, Beatles, Byrds y Stones. Por aquéllos entonces los Groovies tenían mucho más que ver con The Clash (siempre, afirmo yo. Nda) que con The Knack”. Quien habla así de este disco y de los shows que acompañaron a su publicación no es cualquiera. Es Steve Wynn, responsable de uno de los mejores discos de 80’s, “Days of wine and roses” con su banda "The Dream Syndicate" y un excelente conocedor de la Historia del Rockandroll.

Último trabajo de la trilogía inglesa, Jumpin´ supone un bajón respecto a sus impresionantes precedentes. Como ya dije una vez, no se puede estar firmando obras maestras cada año. Aun así el resultado es más que apreciable. Siguen en sus trece con las versiones de Beatles y Byrds (ahora también acompañan una de Dylan, "Absolute sweet Mary" y otra de Warren Zevon, "Warewolves of London") y los temas propios son estupendos ("Jumpin’ in the Night", "First plane home") aunque no fantásticos. Lo que no ha cambiado son las guitarras que vuelven a ser fantásticas y despegan a la atmósfera tan rápido como el ozono. Jumpin’ supone el punto final a la edad aristocrática y dorada de su existencia. A partir de este momento las deserciones, las drogas y los múltiples problemas con las discográficas harán mella definitiva en la banda. Han sido años de rockandroll, de honestidad y sacrificio, de amoríos por una forma de vida que nunca les juzgó acertadamente y siempre les negó los logros que ellos merecieron. Pero nada de eso importa a los que como yo les seguimos adorando, fieles escuderos de su andanzas, porque ellos representaron mejor que nadie la honradez y la pasión del que ama el rockandroll por encima de todas las cosas. A modo de corolario, de síntesis subjetiva, “no fueron los más grandes pero sí los mejores”.



One night stand.

De este disco ya he hablado en la introducción. Finiquitada la productiva y provechosa etapa británica, Jordan se encuentra una vez más solo en compañía de su fiel Alexander. Será otra vez un fan, Peter Noble, el que le rescate del olvido, esta vez desde Australia. One nigth stand es, como no podría ser de otra manera, una trabajo que huele a recalentado, consistente en poner al día las célebre canciones que le otorgaron prestigio y reconocimiento. Ayudados por un guitarrista más cercano al hard que al rock y el beat sesentero y por un eficiente batería, van desgranando éxitos imperecederos ("Shake some action" y "Slow death) conjugados con efectivas versiones de amigos ("Bittersweet", de Hoodo Gurus) e ídolos de juventud ("Kicks" de Paul Rever and the Raiders) y "Call me Lightning" (Pete Townsed, The Who) aparte de un espídico "Money" y un sensacional "Tallahassie Lassie". El resultado lejos de defraudar nos vuelva a congraciar con una banda que ha perdido definitivamente la brillantez pero que todavía e capaz de dar coletazos de buen rockandrol y hacernos pasar un rato extraordinario. Pongánle que quien tuvo, retuvo.

Step up.

Último trabajo original conocido (bueno hay otro por ahí de título Rock Juice que es Step Up modificado) y segunda referencia tras su regeneración australina. Algo más consistente que One night stand pero menos convincente por la ausencia de joyas del calibre etapa Sire. Todavía hay trallazos ("Way over my head", "She’s got a hold on me", "Can’t stay away from you") que harían palidecer toda la discografía de epígonos como Fortunate Son y Barracudas, mas hace tiempo que el duende creativo de enjundia les dejó de visitar. Norma es acompañar la producción propia con excelsas versiones. En este caso los homenajeados, bienes cierto que con poco brillo, son Dave Edmund ("Land of the few") y una enésima y anodina recreación del "Milcow Blues". Si en todos sus discos hay alguna sorpresa, las de este son un sentido homenaje a Lennon con título elocuente y parco: "Thanks John" ; y un agradecido tributo a la tierra que les acogió recientemente y les brindó su cariño, "Way down Under".








Por Groovieland

(2005, revisado)